Agentes de Juan Ramón de la Fuente me echan del SNI

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Solicitud de revisión y documentación probatoria

 

 

 

Agentes del rector de la UNAM en el CONACYT decidieron privarme de los siete mil pesos mensuales que venían “dándome” durante los últimos tres años.

 

Con el mismo odio, la misma ilegalidad y los mismos ocultamientos del Consejo Técnico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, los miembros de una comisión dictaminadora del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Conacyt decidieron, sin leer mi expediente y sin examinar mi obra, despojarme del dinero que compensaba en algo el grave despojo que la UNAM comete contra mí hace ya un cuarto de siglo.

 

Entre las personas que me echaron del SNI hay varias que deben sus puestos y sus altos ingresos a Juan Ramón de la Fuente o a órganos que dependen directa o indirectamente del rector. Ellos formaron la minoría organizada de la comisión dictaminadora que cometió el despojo que denuncio. Miembros de la comisión. Omito por lo pronto, para no sufrir más, que quienes dictaminan y/o quienes hacen las cartas que firma Manuel Mendez [sic] Nonell, ignoran la ortografía y la sintaxis de la lengua del país que pretenden representar. El grado de usurpación que padece la ciencia en México, y de la ignorancia crasa de quienes la usurpan, toma cuerpo en la pretensión absurda de que cualquier producción puede ser “cualitativamente exigua”. Lo exiguo indica lo escaso o insuficiente. La escasez es la poquedad, y la poquedad indica una cantidad. Lo insuficiente es lo que no es suficiente, y lo suficiente es lo bastante para lo que se necesita, y lo que basta es siempre una cantidad. En ambos casos, lo exiguo se refiere a cantidades, no a calidades. No hay, ni puede haber, producciones “cualitativamente exiguas”. Ni la mía, ni la de Méndez, ni la de Valadés, ni la de nadie.  Carta de Manuel Méndez Nonell.

 

Al omitir la evaluación de la calidad de mi obra académica, la comisión de marras violó la disposición básica del Reglamento del SNI: evaluar la calidad más que la cantidad, lo cual aparece en casi todos sus artículos. Esa comisión, además, miente al decir que sólo he impartido un curso en licenciatura durante los últimos tres años. Imparto siempre por lo menos dos cursos cada semestre (el último impartí tres). El 28 de enero entregué al SNI constancia de 12 cursos impartidos en licenciatura. Véase constancia. Uno de los muchos indicadores de que la comisión de Comisión de Ciencias Sociales ni siquiera leyó mi expediente es que menciona cursos en posgrado que no impartí. Elaboro, distribuyo y explico mi propio material pedagógico, en cada uno de mis cursos. Hago uso en mis clases de computadoras personales y de programas de cómputo como pocos profesores de sociología lo hacen en la UNAM, suponiendo que haya alguno que lo haga. Si una persona así existe, no está en la comisión que me despoja del fruto económico de mi trabajo. Integro, desde hace muchos años, la enseñanza con la investigación. En las clases de estadística ilustro y muestro procedimientos, cálculos y logica sociales con datos sobre la realidad mexicana. En las evaluaciones semestrales, casi todos mis alumnos me asignan en todos los rubros las calificaciones más altas. Véanse: evaluaciones en pdf, archivo comprimido. Esta dedicación constante al trabajo académico, a pesar de que los rectores y sus directores me privan de casi todos los instrumentos de trabajo que necesito, y el respeto de los alumnos que tánto los desprecian, es lo que las autoridades de la UNAM y sus agentes en el SNI no me perdonan.

 

El secretario ejecutivo del SNI y la comisión de marras violaron las estipulaciones de los artículos 1, 11, 12, 15, y 16 del Reglamento.  

 

El secretario ejecutivo violó el artículo 1, que lo obliga a “hacer del conocimiento público los resultados de la evaluación y notificarlos a los aspirantes”. Ni el público ni yo conocemos esos resultados. Lo único que he recibido es una carta de Manuel Méndez, uno de cuyos párrafos incluye tres mentiras, una violación a los  Criterios Internos de Evaluación y dos violaciones a la ortografía y a la sintaxis castellanas.  O el dictamen se reduce a ese párrafo o es algo más que él. Si lo primero, la Comisión Dictaminadora no sólo violó todos los ordenamientos del SNI sino renuncíó a sus funciones. Si lo segundo, Manuel Méndez está ocultando dolosamente información y violando el artículo 1 del Reglamento.  

 

Los dictaminadores violaron el artículo 11 del reglamento, según el cual “la evaluación de los trabajos se basa en su calidad, trascendencia e impacto”. En mi caso, su evaluación no consideró nninguna de esas tres bases.

 

La Comisión Dictaminadora violó el artículo 12, que la obliga a tener “en cuenta la calidad de las aportaciones y la cantidad de productos presentados por el solicitante”. Nadie evaluó la calidad de mi enseñanza ni de mi investigación.

 

Esa comisión violó los cinco incisos del artículo 15, que dice así:

 

“ARTÍCULO 15. El objetivo general de estos criterios es el orientar los trabajos y las recomendaciones de las Comisiones Dictaminadoras, para la evaluación de los méritos científicos y tecnológicos reflejados en:

i. La producción de investigación científica y/o tecnológica y

ii. La formación de recursos humanos especializados.

Además se considerará:

iii. La participación en la labor de difusión y divulgación;

iv. La vinculación entre la investigación y los sectores público, privado y social;

v. La contribución al desarrollo institucional”.

 

Violó el inciso i porque esa comisión reconoce que durante apenas 3 años publiqué cuatro textos científicos. Violó el inciso ii, al pretender desconocer que impartiendo 12 cursos en la FCPS de la UNAM estoy formando recursos humanos, como lo había reconocido la comisión que me aceptó en el SIN. Violó el inciso iii al ignorar, entre otras cosas, que esta misma página en Internet es una labor de difusión y de divulgación que no muchos colegas míos hacen. Violó el inciso iv al ignorar una de las características del conjunto de mi trabajo académico, que ha sido, durante toda mi vida, y particularemente durante los últimos cinco años, vincularlo con las el sector social mexicano. Y esa comisión violó incluso el inciso v, que suelen usar usar las autoridades de la UNAM para reprimir a quienes combatir su usurpación. Mi enseñanza en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, como las evaluaciones de los alumnos lo prueban, constituye una de las fuentes, lamentablemente no muchas, del prestigio académico que todavía mantiene mi facultad. Todos mis trabajos de investigación durante los últimos cinco años han sido publicados en la revista Acta sociológica, revista impecablemente “institucional” de la FCPS.

 

Los dictaminadores violaron casi enteramente el artículo 16, que estipula lo siguiente:

 

“Los elementos en que se sustenta la evaluación de los aspirantes a ingresar al SNI son:

i. La productividad del último periodo de evaluación, así como de la obra global, reflejada a través de los resultados de su participación en las diversas actividades referidas en el objetivo general. Los aspirantes de nuevo ingreso deberán demostrar productividad en los últimos tres años.

ii. La calidad de la producción reportada, en términos de:

a) la originalidad de los trabajos;

b) la consolidación de la(s) línea(s) de investigación;

c) el impacto de los productos de investigación;

d) la trascendencia y repercusión en la solución de problemas prioritarios;

e) el liderazgo y reconocimiento nacional e internacional;

f) el valor y los beneficios que aporten los productos obtenidos a través de los proyectos realizados, y

g) la creación de empresas de alto valor agregado a partir del conocimiento científico-tecnológico”.

 

La Comisión Dictaminadora violó el inciso i al pretender desconocer mi obra global. Violó el inciso ii porque no consideró la originalidad de mi investigación. Soy el único investigador en el mundo que ha demostrado integralmente las diferencias culturales en América del Norte; el único que ha demostrado la fuerza del sedimento cultural mexicano; el único que demostrado los factores sociales de las elecciones mexicanas con datos agregados, y el único que ha construido bases de datos para esos análisis. Los dictaminadores violaron también ese inciso porque desconocieron precisamente lo que la comisión de 2001 había observado: desde 1984 continúo analizando las elecciones en México, y desde 1990 permanezco analizando integralmente los factores sociales de los valores en Canadá, Estados Unidos y México. La comisión violó la letra d) el inciso ii al ignorar que tanto los análisis electorales como los estudios sobre los valores son trascentales para las estructuras politica y cultural mexicanas.

 

Esa comisión violó el numeral 3.2 de los Criterios Internos de Evaluación, que estipula que el único requisito para permanecer en el Nivel I es  demostrar que se ha continuado en la docencia y la investigación de manera activa, mediante la publicación de trabajos que lo acrediten”.

 

Esa comisión miente también al decir que no he dirigido tesis. He dirigidio dos. Esa comisión violó también ese numeral, al pretender que se requiere estar dirigiendo tesis para permanecer en el Nivel I.

Pero lo más grave de la carta infame que recibí hoy es que, una vez más a la manera del CT de mi facultad, el juicio se emite de manera dogmática, sin ningún sustento ni fundamento, ocultando las razones, si las hubiera, de un hecho tan grave como despojar a un trabajador del fruto económico de su trabajo. Ni siquiera los más crueles juzgados de los gobiernos más déspotas ocultan al condenado las razones de la condena. Este ocultamiento de razones se expresa en casi todas las instituciones de educación superior mexicanas. Obedece, como en los reiterados ocultamientos en que ha incurrido el CT de la FCPS, a que esas razones simplemente no existen. Méndez Nonell no fundamenta la pretendida falta de calidad de mi obra porque nadie de su comisión pudo haberla fundamentado. Ninguna de esas personas tiene la formación ni la obra de investigación indispensables para evaluar mi enseñanza en teoría social, ni la originalidad y la fuerza argumentativa de mis investigaciones sobre individualismo y sobre resultados electorales a partir de datos agregados.

 

Esta usurpación, generalizada en México, es una de las razones del bajísimo nivel de la ciencia en nuestro país y de la enseñanza superior, particularmente de la UNAM. La usurpación de las universidades es el factor mayor de nuestra atraso tecnológico y de nuestra debilidad económica.

 

Una vez más, voy a luchar, hasta el límite de mis fuerzas, mientras las tenga, contra la usurpación y la represión en la UNAM y dondequiera que los agentes del PRD, del PRI y de Juan Ramón de la Fuente intenten disimularse: en el SNI, en los tribunales laborales, en el IFAI, y, desde luego, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Porque de varias maneras represento esta lucha, los usurpadores ubicuos se empeñan en despojarne de todo. Una vez más sabrán ellos, sus empleados y sus cómplices, que habemos en México trabajadores académicos dignos, que nosotros somos la esperanza, y que, por lo menos en parte, la impunidad priísta está quedando atrás.

 

Iván Zavala Echavarría, 27 de septiembre de 2004

Aniversario de la Independencia de México