El bloqueo calumniado

Iván Zavala

Al describir y explicar los sucesos del 14 de octubre, los intelectuales, los articulistas y los editoriales anónimos han ignorado los hechos, han manipulado el sentido de las palabras y han omitido los antecedentes y el contexto de la lucha de los estudiantes por una nueva universidad.

1 Los hechos ignorados

Todos los pretendidos análisis que he leído (excepto uno de Humberto Musacchio) sobre los sucesos del 14 de octubre han ignorado los hechos fundamentales de ese día: la marcha fue aprobada por el Consejo General de Huelga (CGH), éste no hizo ningún acuerdo con la policía para marchar sólo por cualquier carril, los estudiantes fueron agredidos por la policía, y su duración fue y sería insignificante con relación a otras clausuras y demoras en esa vía supuestamente rápida.

El editorialista anónimo de La Jornada ("Provocación y exceso represivo", 15 de octubre) miente al decir que marchar por el carril central del Periférico era violar un acuerdo entre el CGH y los jefes policiacos. Ninguno de esos jefes ha podido dar los nombres o alguna descripción física de las personas del CGH que habría acordado no marchar por el centro de esa vía. La comisión de prensa del CGH desmintió el viernes 15 haber acordado tal cosa. Por lo demás, la resolución del CGH al respecto no limitaba la marcha a ningún carril.

Lo que hubo fue una agresión policiaca violenta, sangrienta y llena de odio, no "un enfrentamiento" entre estudiantes y policías. Pretender que hubo ese "un enfrentamiento" es ignorar los hechos, o mentir con descaro, como lo hace el anónimo editorial que acabo de citar.

La interrupción del tránsito en el Periférico Sur duró cerca de 15 minutos. Decir que esa interrupción fue un ataque a "los intereses de la colectividad" como lo hacen Miguel Ángel Granados (Reforma, 17 de octubre de 1999, p. 23A), La Jornada , Héctor Aguilar, Sergio Sarmiento y muchos otros es simplemente una mentira. Incluso Ana Esther Ceceña reconoce esta anomalía mental: "Un embotellamiento de esta duración es habitual en una ciudad organizada básicamente en torno al transporte individual, pero hasta ahora no había suscitado una reacción correctiva de la naturaleza de la del jueves. El hecho de ser una movilización estudiantil la causante ¿cambia tanto la preocupación por la molestia de los capitalinos?" (La Jornada, 16 de octubre).


2 La palabras manipuladas

Manipulando las palabras "provocar", "democracia" y "legitimidad", los enemigos del movimiento estudiantil incitan a la gente contra los estudiantes y contra quienes de veras los apoyamos.

El verbo "provocar" tiene dos sentidos principales: incitar e irritar. En ambos casos, designa dos tipos de acciones que dan lugar a sendas consecuencias: una de connotación neutra (incitar) y otra de connotación negativa en el objeto gramatical que expresa la consecuencia (quien se irrita). Ninguno de esos dos sentidos tiene una connotación negativa en quien provoca, es decir el sujeto de la acción de provocar. Pero el uso que hacen de este verbo los políticos profesionales se limita precisamente a la acepción que no tiene el verbo "provocar" en castellano, es decir la connotación negativa de la acción del sujeto que realiza la acción, lo que se designa con el sustantivo "provocador(a)", en lugar del vocablo apropiado, que sería el participio presente: provocante, el que provoca, incita, estimula o da lugara una acción. Los estudiantes quisieron ser, el jueves pasado, provocantes de la verdad, es decir querían incitar en la gente que los veía y los oía la verdad sobre la huelga en la UNAM. Los poderes contra los que luchan, robándole al verbo de marras su significado, los han llamado "provocadores". Pero no sólo eso. Estos poderes, que limitan el sentido del verbo a la acepción que les conviene, lo extienden a todas las acciones que perjudican sus intereses politiqueros e inmediatos. Entonces el provocador es todo aquél que hace cosas que, al perjudicar los intereses de un ladrón del lenguaje particular (en este caso el gobierno del Distrito Federal), da lugar a la ira de éste. Una provocación es cualquier cosa que ponga en peligro los intereses del ladrón del lenguaje.

Pero sucede que este mismo robo se comete además con el vocablo "democracia" y con sus derivados. Como sucede casi siempre que se intenta manipular la mente de los demás, se pasa de una premisa verdadera a una conclusión falsa. Partiendo de la premisa verdadera de que el actual gobierno es el primero elegido, no designado, los perredistas pasan a la falsa conclusión no sólo de que ellos son un partido democrático sino de que todo lo que hagamos contra ellos lo hacemos contra la democracia, como si ellos fueran la democracia misma.

Finalmente, los poderes actuales se apropian del significado de "legitimidad" y sus derivados reteniendo sólo lo que favorece sus intereses electorales. En sentido genérico, lo legítimo es lo justo o lo razonable. Pedir la apertura de una estructura cultural cerrada es algo evidentemente justo. Al limitar el ámbito de la legitimidad a lo que conviene a los intereses del PRD es un tercer robo lingüístico. Con este triple hurto se fabrica un mensaje: "interrumpir la circulación para hacerse pedir la apertura de la televisión es una provocación porque incita al gobierno democrático del Distrito Federal al uso de la violencia contra quienes demandan esa apertura porque ese gobierno tiene derechos reservados para el uso de la democracia y porque el tránsito vehicular un derecho superior al de luchar por la verdad y por la justicia". Siendo producto de un robo lingüístico este mensaje transmite un significado totalmente falso porque todos sus componentes son falsos: el PRD y sus gobiernos no sólo no tienen exclusividad democrática alguna sino cometen continuamente actos antidemocráticos; los derecho a la justicia y a la verdad, a la libertad de expresión, y al acceso a la cultura de la mayoría de los mexicanos tienen legitimidad superior al tránsito vehicular.

3 Antecedentes y contexto omitidos

Los enemigos de los estudiantes en lucha mienten también al ocultar deliberadamente los antecedentes y el contexto en que estalló la gran huelga de la UNAM.

Por lo menos tres hechos han sido sistemáticamente por los medios de comunicación masiva: la tiranía, la buropolítica y la corrupción en la UNAM.

La tiranía

Todas las autoridades actuales de la UNAM se han comportado, durante muchos años, como tiranos, particularmente desde el 11 de febrero, cuando el actual rector anunció su propósito de aumentar las colegiaturas. Así como la usurpación es el ejercicio que unos hacen de un poder al que otros tienen derecho, así la tiranía es el ejercicio de un poder al que nadie tiene derecho (John Locke, Political Writings, Mentor Books, § 199, p. 362). Nadie tiene derecho en la UNAM a imponer decisiones sin el conocimiento y sin la aprobación de los universitarios; sin embargo, esto es lo que han hecho, desde hace muchos años, y particularmente desde el 11 de febrero, la minoría de burócratas que ha gobernado la universidad. Destacan, entre estas decisiones, las modificaciones al Reglamento General de Pagos del 15 de marzo y del 7 de junio, el establecimiento de cobros por casi todos los servicios administrativos y académicos, las reformas aprobadas por el Consejo Universitario en junio de 1997, la instalación de un aparato de represión indigno de cualquier institución de educación y el establecimiento de vínculos con el Ceneval.

Ninguna autoridad tampoco tiene derecho a ejercer el poder en su propio beneficio, dañando los intereses de los gobernados. Quienes así proceden son los tiranos (Ibid.). Las autoridades de la UNAM se han aumentado continuamente sus salarios, emolumentos y prestaciones, dejando igual o empeorando los ingresos y los instrumentos de trabajo del resto de los universitarios. Han gobernado para su beneficio dañando concomitantemente a quienes deben servir.

Estos abusos de poder constituyen la vida diaria de la UNAM. Los efectos de una estructura legal autoritaria y de prácticas políticas viciadas han dado lugar a que todo el poder de la UNAM se concentre en la persona del rector, elegido por 15 personas -la Junta de Gobierno- designadas por el consejo universitario controlado por el propio rector, de manera que todas las decisiones que afectan a todos son siempre tomadas y aplicadas por unas cuantas personas, cuyo núcleo se mantiene, se reproduce y se perpetúa cada año, haciendo de la élite que gobierna nuestra universidad una de las más cerradas, autoritarias y escleróticas de nuestro país. Unas cuantas personas que se intercambian permanentemente sus cargos deciden por la mayoría de la UNAM

La buropolítica.

La UNAM está gobernada por un pequeño grupo de personas cuya función específica es servir a los intereses del rector en turno. Cualquiera que fuera la calidad académica de estas personas, suponiendo que la tuvieran, de hecho gobiernan la universidad en cuanto burócratas al servicio de los intereses personales y políticos de su "jefe nato", que es la definición despótica que la ley orgánica vigente hace del rector. Estos servicios políticos, realizados casi siempre de la manera más servil, son lo que cuenta en nuestra universidad para acceder a los puestos de decisión, no la calidad académica requerida para dirigir a una sociedad de personas dedicadas a la enseñanza y a la investigación.

La usurpación consiste en arrogarse dignidades, funciones o empleos de otros. Los buropolíticos han usurpado a los académicos, por lo menos desde que Guillermo Soberón asumió la rectoría. Esta usurpación es uno de los factores mayores del decline de la gran calidad que la enseñanza y la investigación realizadas en la UNAM habían hecho de ella la mejor universidad de México y una de las mejores de América Latina.

La autoridad de los usurpadores es ilegítima. Todo usurpador debe ser desconocido, es decir su poder debe ser rechazado declarándolo inexistente.

La corrupción

Las autoridades de la UNAM ha rehusado repetidamente dar cuenta del uso que hacen del presupuesto, tanto a los universitarios en particular como al pueblo de México en general. Cada año, el congreso universitario conoce y aprueba un presupuesto que omite todo detalle de los ingresos y de los egresos de la universidad. Como un ejemplo, el presupuesto de egresos para el año pasado, se limita a los siguientes datos :

Docencia5,240,202,11765.18%
Investigación2,068,457,28425.73%
Extensión Universitaria497,498,6486.19%
Apoyo233,175,9032.90%
T O T A L8,039,333,952100.00%



No hay ninguna especificación detallada a niveles menos generales y vagos como los cuatro listados. En particular, el rubro "Docencia¨ oculta que los salarios más altos de la universidad no provienen del trabajo académico sino de servicios buropolíticos que no sólo no son servicios realmente académicos sino, lo que es mucho más grave, son encaminados a estorbar las vocaciones auténticamente docentes y de investigación. Correlativamente, ese rubro oculta el hecho de que los docentes con mejores calificaciones académicas están entre los peores pagados.

Para documentar este fraude, yo he pedido por escrito en varias ocasiones a los dos últimos rectores de la UNAM y a los dos últimos directores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales una lista anónima del personal académico de carrera de la lista anónima de los actuales profesores de carrera, con los siguientes datos para cada uno:

Si es de Medio Tiempo o de Tiempo Completo.

Sueldo mensual como académico.

Sueldo o compensación mensuales por funciones administrativas u otras no académicas.

Grado académico más alto.

Año de obtención del grado académico más alto.

Categoría.

Año en que obtuvo esa categoría.

Nunca he recibido esas informaciones.

La opinión de la mayor parte de los mexicanos sobre el conflicto de la UNAM ha sido decisivamente influenciada por personas mal informadas y engañosas. Con poquísimas excepciones, los medios de comunicación masiva transmiten sólo las voces de esas personas. Esta situación tiene una implicación y dos consecuencias, las tres insoslayables y graves. La implicación es que la sociedad mexicana tiene una opinión falsa sobre la huelga en la UNAM. La primera consecuencia es que esa sociedad no estará bien informada sobre la huelga mientras esos medios persistan en sus engaños y mientras no haya medios que digan la verdad. La segunda consecuencia es que mientras la sociedad no conozca la verdad sobre lo que sucede en la UNAM, sus opiniones seguirán sesgadas. En una sociedad engañada, la democracia es sólo una apariencia.