Castañeda: ausente, silencioso y maniatado

 

9 de marzo de 2013

 

Fernando Castañeda, director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS), se empecina en negar una solución clara y permanente a los obstáculos y agresiones que mis alumnos y yo venimos sufriendo, desde hace muchos años, yo para impartir mis clases en condiciones adecuadas, y ellos para aprender unas materias básicas en la formación sociológica, como son las materias de estadística.

 

1.     En particular, desde el viernes 15 de febrero pasado, es decir hace tres semanas, Castañeda se empecina en negar una solución escrita, clara y permanente a los obstáculos y agresiones que han llegado a agresiones físicas y verbales contra mí y contra mis alumnos por parte de trabajadores manuales de la FCPS. Resumo enseguida la agresión y la pongo en contexto.

1.1.                    Desde hace muchos años, vengo sufriendo constantes obstáculos para impartir mis clases en condiciones adecuadas, que han llegado a agresiones físicas y verbales contra mí y contra mis alumnos. He informado a los rectores y directores en turno de todo ello. Las agresiones, que parecían haber amainado, volvieron ese 15 de febrero. El viernes 15, al llegar los alumnos al Laboratorio F (poco después de las 16 horas), se encontraron con que había algunos trabajadores de la Facultad realizando unos trabajos que producían mucho ruido, reduciendo de manera notable la posibilidad de poder tener una clase en silencio. Dicho de otra manera, el problema reaparecía, con síntomas idénticos a ocasiones precedentes. Un alumno les dijo que tendríamos clases en unos minutos y que, por lo tanto, “necesitábamos que se mantuvieran en silencio”, pero los trabajadores hicieron caso omiso; cuando llegué yo, a las 16:15 horas, les pedí que por favor se retiraran. Ellos no accedieron, argumentando que tenían una orden directa del director de la facultad, a lo cual repliqué que yo tenía orden de impartir clase en ese lugar y a esa hora. Les advertí que sólo pediría tres veces que me dejaran dar mi clase; si no lo hacían, procedería a consultar con mis alumnos e ir a quejarnos ante el director de ese nuevo obstáculo al trabajo académico. Finalmente, uno de los trabajadores dijo: “está bien vámonos” mientras otro arrojó su herramienta hacia donde estaba yo.

1.2.                    Ese mismo día, todos los alumnos del Curso “Procesamiento de Datos”, que imparto hace muchos años, intentaron hablar con Castañeda para enterarlo de la nueva agresión recién cometida contra nuestra clase. El Director no estaba en su oficina, como suele ser casi siempre el caso. Lo único que obtuvieron fue une breve reunión con Claudia Bodek, que de hecho funciona como directora. Bodek se comprometió vagamente a evitar que el problema se repitiera. Esa misma promesa, hecha ya por Castañeda y por su predecesor, ha sido muchas veces incumplida.

1.3.                    El 22 de febrero, dos alumnos, Marco Antonio García Vázquez y Sonia Vega Hernández, esperaron al director de 15:30 17:00 para intentar entregarle, una vez más, la carta y tener una cita con él para explicarle el problema y exigirle un compromiso escrito de una solución definitiva. La carta está firmada por todos los alumnos del Curso. Patricia Campos les dijo que, una vez más, el Director no estaba en su lugar de trabajo, y que no sabía a qué horas regresaría.

1.4.                    De nuevo, el martes 26 de febrero, seis alumnos (Isaac  Carrillo Pichardo, Arturo Curro Vega, Marcial Mera Alejandro, Mariana Juárez  Ángel y Marco Antonio García Vázquez) se presentaron a la oficina del director. Campos les dijo otra vez que Castañeda no estaba y que no había una hora de llegada. Patricia Campos Cázares se limitó a poner el sello de la Facultad y a decir a los estudiantes que no podía agendar una cita porque ella no manejaba esa agenda. En esa ocasión, Patricia Campos se comprometió a comentarle al director la situación, por lo que solicitó algunos números telefónicos y se le dejaron los números de dos alumnos. Campos les aseguró que el director leería la carta y que iba a consultarlo para programar una cita, solicitada en la carta.

1.5.                    El 1 marzo, Víctor Hugo Cruz Pedraza, alumno del Curso, intentó, una vez más, la cita de marras. Campos fingió sorpresa como si el asunto ya estuviera resuelto, diciendo; ''el director no firma ningún documento, debido a que ese es el protocolo'', además de que, según ella, el sello del día martes debía bastar para darle la atención solicitada en la misma carta. Como en otras ocasiones con estudiantes y profesores dignos, a mayor insistencia de Víctor Hugo, Campos se encerraba más en un mutismo impotente y, finalmente,  dio por terminada la discusión.

1.6.                    Hasta el 5 de marzo no hemos obtenido ni siquiera una firma de recibido del director.

 

2.     Todos estos hechos forman parte de una conducta repetida de Castañeda hacia mí: provocarme por todos los medios a su alcance, estorbar mi trabajo de docencia y de investigación e incluso de provocar mi muerte.