“Factores sociales de las elecciones legislativas de 2003”,

 

de próxima publicación en Estudios políticos,  número 7, enero-abril de 2006, FCPS/UNAM, Mexico, 2006.

 

Extractos:

 

Introducción

 

Los factores que influyen en las elecciones son de dos tipos: coyunturales y estructurales.

 

Los primeros pueden medirse y analizarse usando encuestas electorales, las cuales están expuestas a errores de diversos tipos, en particular los que se deben al efecto del azar en la muestra y a la formulación de las preguntas. Sus datos son individuales, y requieren de la verificación de hipótesis, a la manera en que lo hacen la mayor parte de los textos de estadística. Los psicólogos y algunos politólogos usan este tipo de datos, asumiendo los errores naturales a estos factores.

 

En cambio, los factores estructurales se perciben y miden con datos agregados, y no requieren de las verificaciones de hipótesis usadas en los análisis de datos muestrales individuales porque no están tomados de muestras sino de poblaciones. Este tipo de datos es el que corresponde naturalmente a la sociología en cualquiera de sus especialidades. Comte primero  y luego Durkheim  distinguieron los hechos sociales de los individuales, y precisaron que los primeros, no los segundos, son el objeto de la sociología . Desde ellos, hay una permanente tradición típicamente sociológica que se propone extraer de los datos agregados todo su poder explicatorio. La influencia de la psicología empírica (incluyendo la social), la generalización mundial de las encuestas de opinión pública, el favor de que éstas gozan en las burocracias de los partidos políticos, y la influencia de un artículo de W. S. Robinson  han contribuido al olvido o a la relegación de la particularidad sociológica.

 

En este trabajo, me propongo analizar los factores sociales estructurales de los resultados agregados por municipio de las elecciones legislativas federales mexicanas de 2003.

 

1.2.      La falacia individualista

 

Esta falacia se comete al pretender hacer inferencias sobre el comportamiento de los grupos a partir de datos individuales, como los que se usan en las encuestas de opinión pública. Sería interminable la sola lista de los textos que, usando datos muestrales, infieren medidas o explicaciones sobre grupos sociales. Tomando como unidad al individuo aislado pretenden inferir el comportamiento de todos los grupos a los que cada individuo pertenece.

 

1.3.      La confusión geográfica

 

Desde Durkheim, la unidad en la sociología no es el área geográfica sino el conjunto de características comunes de un conjunto de personas que viven dentro de ciertos límites geográficos, casi siempre políticos. La unidad es el grupo, no el área. Decir, como lo hizo Robinson hace 64 años, que la unidad de los datos agregados es el área geográfica es tan falso como decir que la unidad de los datos individuales es el cuerpo humano. Las características sociales de esas áreas son efecto conjunto de la vida en común, de la vida social, y de las características de la dominación particulares a cada área o comunes a muchas ellas. La construcción del objeto de sociología ha implicado, entre otras cosas, la construcción de datos para unidades sociales cada vez menores. Los datos agregados y los individuales son  dos perspectivas sobre el mismo fenómeno humano. En el estado actual de la ciencia, pretender excluir una u otra no sólo es sectario sino científicamente limitante. Las perspectivas sobre un mismo objeto con complementarias, no excluyentes. En eso pensaban probablemente George Ritzer y Pamela Gindoff al proponer el “relacionismo metodológico” .

 

4.         Carácter particular de este trabajo

 

En México, los municipios son las unidades más pequeñas para las que podemos compilar los resultados electorales con los indicadores económicos y políticos oficiales.  Las únicas unidades electorales más pequeñas son las secciones, pero no hay datos censales para ellas. Dicho de otra manera, los municipios son la unidad menor disponible para analizar los factores sociales de los resultados electorales a partir de datos agregados.

 

Las inferencias de este trabajo se refieren a las bases sociales de los partidos políticos, no a las circunstancias electorales de las elecciones de diputados federales por mayoría de 2003. Las primeras son las que mantienen a los partidos en el poder de manera durable, mientras que las segundas son las que contribuyen al triunfo de candidatos concretos en elecciones concretas. Entre éstas se encuentran las imágenes de los candidatos que la propaganda difunde y destaca, el dinero gastado en las campañas, la coyuntura económica, los programas y planes electorales, que la jerga economicista llama “oferta electoral”. Las bases sociales son, en cambio, las que explican la relación durable entre los grupos sociales y los partidos. De éstas trata este análisis.

 

El PAN fue en 2003 el partido preferido de 35 de los 58 grupos considerados en este trabajo, el PRI lo fue de 17, y el PRD de 6.

 

A la inversa del PAN, el PRI disminuyó sus votaciones, de 1997 a 2003, en la mayor parte de los municipios, siguió careciendo del apoyo de la mayor parte de los grupos demográficos, económicos y culturales del país, y vio reducida la fuerza del rechazo que había sufrido en 1997.

 

El PRD disminuyó sus votaciones, de 1997 a 2003, en la mayor parte de los municipios, siguió careciendo del apoyo de la mayor parte de los grupos demográficos, económicos y culturales del país, y vio reducida, como el PRI,  la fuerza del rechazo que había sufrido en 1997.

 

10.       Conclusiones

 

Si un partido es durable en el poder en la medida en que cuenta con el apoyo durable de grupos sociales numerosos, la permanencia y los cambios de esos apoyos es un indicio seguro de la durabilidad y de las fluctuaciones de los partidos.

 

Usando ese criterio, todo apunta a la permanencia de la estructura de la base social de los tres partidos considerados. El PAN cuenta con el respaldo de la mayor parte de los grupos sociales, fue el único partido que aumentó sus votaciones en la mayor parte de los municipios, conservó el apoyo de la mayor parte de los grupos demográficos, económicos y culturales, aunque la fuerza del apoyo disminuyó. El PRI sigue al PAN en número de grupos que lo apoyan, disminuyó sus votaciones en la mayor parte de los municipios, y vio reducida la fuerza del rechazo que había sufrido en 1997. El PRD es el partido con menos grupos sociales que lo respalda, disminuyó sus votaciones en la mayor parte de los municipios, siguió careciendo del apoyo de la mayor parte de los grupos demográficos, económicos y culturales del país, y vio reducida  la fuerza del rechazo que había sufrido en 1997.

 

Me llama la atención la conducta electoral,  de 1997 a 2003, de tres grupos: los desocupados, los católicos y los estudiantes. Los primeros dejaron al PAN en 2003, probablemente porque el gobierno de Fox no les dio los empleos que necesitaban. Los católicos son ahora mucho menos panistas, posiblemente porque el catolicismo del actual presidente les desencanta. Los estudiantes no sólo siguen estando, como grupo, contra el PRD sino ahora son panistas, lo cual no embona con la pretensión perredista de ser el partido de los estudiantes. Entender bien estas tres conductas grupales merece investigaciones particulares, que pueden ayudar a entender mejor la estructura de los factores sociales de las elecciones mexicanas.