Engaño de Camero desata violencia perredista

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Por Iván Zavala

 

El lunes 20, a partir de las 11 horas, un acto para presentar un libro fue abandonado por el moderador y por los dos presentadores que acudieron.

 

Un engaño de la coordinadora del Centro de Estudios Sociológicos, Verónica Camero, fue el origen de la violencia de dos profesores.

 

Camero, después de pedirme varias veces disculpas por haber invitado a Miguel Ángel Granados como comentador del libro, me prometió, el viernes 18 en la noche, que haría todo lo posible por desinvitar a Granados, y que me hablaría por teléfono durante el fin de semana para tenerme al tanto de lo que hubiera hecho. Desafío a Camero a que ambos nos sometamos al mejor detector de mentiras que pueda pagar la UNAM. Agunos textos de Granados sobre la Gran Huelga y sobre mí.

 

Camero no llamó, incumpliendo su promesa. En la UNAM, la regla es que si una autoridad promete algo hay que entender no sólo que nunca será fiel a la promesa sino que hará exactamente lo contrario. Así lo hizo Juan Ramón de la Fuente con sus compromisos del 10 de diciembre de 1999 con el CGH. Así lo ha hecho Fernando Pérez Correa en innumerables ocasiones con muchas personas, y en particular conmigo mismo de manera casi sistemática. Así lo hizo también Camero con su promesa del viernes.

 

La mala fe de la coordinadora fue más allá. Hizo decir al moderador de la presentación del libro que Granados no asistiría porque no quería ser víctima u objeto de provocación. Siete veces pregunté a Álvaro Arreola qué quería decir Granados con ello, y a quién se refería, y siete veces se negó ese “moderador” a responderme.

 

Para distraer la atención de la falta de respuesta a mi pregunta, los buropolíticos de la Facultad – que eran casi los únicos asistentes a una concertada usurpación que finalmente no pudieron consumar - trataron repetidas veces de impedir que insistiera en mi pregunta, gritando sin orden, como una multitud desenfrenada y miedosa.  El predecesor de Camero, César Delgado, llegó al grado de avanzar hacia mí con ánimo de golpearme, lo mismo que hacían los perredistas durante las grandes asambleas del CGH, comenzando con Fernando Belauzarán, hace más de cuatro años. Delgado se descompuso más cuando Jorge Martínez Valero le recordó el estado de ebriedad en que llegaba a las llamadas mesas de diálogo. Otro perredista que también externó su ánimo violento fue Sergio Zermeño, también encaminado a golpearme. Zermeño es uno de dos agentes del PRD más conocidos en la UNAM (el otro se llama Rosaura Ruiz, esposa del Pino, también conocido por su legendaria violencia). Ninguno de ellos me tocó, temiendo quizá que el Tribunal Universitario les diera sopa del chocolate que el PRD ha dado a muchos y dignos universitarios. Algunos textos de Zermeño sobre la Gran Huelga, sobre Fox y sobre mí.

 

Cuando se habían retirado la mayor parte de los presentes, una dirigente de las AAPAUNAM, Delia Selene de Dios y algo más, hizo un intento desesperado para que la usurpación querida por Camero tuviera lugar sin presentadores ni autores. No sabiendo explicar sus calidades académicas ni la usual actitud de sumisión de las AAPAUNAM ante el rector en turno, se encerró en su afirmación de que, reconociendo mi excelencia académica, mi dignidad y mi honestidad, lo que le molestaban eran mis “actitudes”. Cinco veces le pregunté cuáles eran ellas, y cinco veces fue incapaz de decirlas, limitándose a gesticular.