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Hoyo reincide en deseos homicidas

Por Iván Zavala

Lunes 10 de marzo de 2003

 

 

 

El viernes 7, poco después de las 4 de la tarde, José Luis Hoyo, secretario del Personal Académico de la Facultad, me dijo: “Pensé que estabas muerto, Iván”.

 

Me limité a decirle: “Eso es lo que quisieras”.

 

Esto sucedió al final del pasillo que comunica los edificios de la FCPS con la parte del estacionamiento donde las autoridades y los proveedores suelen estacionar sus vehículos.

 

Este desahogo emocional fue mucho más que una expresión espontánea del odio que me tiene Hoyo. Fue la señal más reciente de los deseos homicidas de este burócrata, de los sentimientos que azuza en él Fernando Pérez Correa y de las intenciones del Consejo Técnico hacia mi persona.

El odio salvaje que me tiene Hoyo es muy viejo. Sus expresiones más recientes son públicas y algunas están grabadas. Por ejemplo, el 4 de septiembre de 2001 me acusó públicamente de ser “pinche policía asesor de pinches policías”. Véase video en Real One.

El viernes 7 Hoyo profirió por segunda ocasión sus deseos de que yo muera. El 30 de octubre del año pasado, ante la proximidad de un ayuno que podría acabar con mi vida,  me escribió una carta, dictada por Fernando Pérez Correa, en la que no sólo se complacía en decirme que las autoridades no harían nada para impedir el ayuno sino me desafiaba a llevarlo a su término, es decir a mi muerte.  Carta en formato PDF.

 

Casi todo lo que hace y dice José Luis Hoyo procede de los azuzamientos del actual director de la Facultad. Tengo testimonios directos y he hecho análisis lingüísticos que me tienen convencido, desde hace muchos años, de esta morbosa dependencia emocional y mental. El odio mortal que Hoyo me tiene ha sido azuzado repetidamente por Pérez Correa. En una personalidad naturalmente servil como la de Hoyo,  la explicación de sus actos hay que buscarla siempre en otra parte; en este caso, en las maniobras y las calumnias del actual director de la Facultad.

 

La responsabilidad de los deseos homicidas de Hoyo, y de su eventual satisfacción, la comparte Pérez Correa con el Consejo Técnico. Todos los graves daños que ese órgano me ha infligido desde noviembre de 2000 se han basado en informaciones proporcionadas por José Luis Hoyo, como secretario del Personal Académico. Ese consejo está informado del odio salvaje que atormenta a Hoyo, o lo ignora crasamente, es decir culpablemente. Y no sólo no ha prescindido de sus servicios sino se empecina en usar la deshonestidad de Hoyo para continuar agraviando a los estudiantes, trabajadores y académicos dignos.

 

La miseria mental y moral de José Luis Hoyo es una de las razones que muestran que en la Facultad no habrá paz mientras Pérez Correa siga siendo director. Y esa miseria moral es, para cualquiera que tenga siquiera dos dedos de frente, un testimonio cotidiano de la ilegitimidad del Consejo Técnico de esta Facultad usurpada.