Invitación al cinismo

 

Hace 4 años, en la mañana del domingo 6 de febrero de 2000, Ernesto Zedillo, entonces presidente de México, rompió violentamente la Gran Huelga por la gratuidad de la educación superior mexicana. Esa huelga fue la lucha más larga contra el individualismo en toda la historia de nuestro país. La huelga duró 292 días, más del doble de los 133 que yo había previsto. Nunca en nuestra historia ha habido una relación tan directamente proporcional entre la duración de una resistencia y la magnitud de las fuerzas acumuladas contra ella. Hasta antes de Vicente Fox, Zedillo había sido el presidente mexicano más abiertamente individualista.

 

Zedillo rompió la Gran Huelga porque ya no le quedaban recursos para derrotar la fuerza moral de miles de estudiantes a quienes nunca pudo cooptar, comprar ni intimidar. En los Diálogos de Minería – cuya grabación audio-visual la UNAM debe conservar -, el país entero vio y oyó la ignorancia y el servilismo de los buro-políticos que usurpan la UNAM frente a la dignidad de los jóvenes que estaban en el otro lado de la mesa.

 

Zedillo rompió la huelga después de hacer que así se lo pidieran los buro-políticos de la UNAM, y los agentes del PRI y del PRD en nuestra universidad. Durante cerca de 10 meses, estos tres grupos, frecuentemente entrelazados, habían golpeado, calumniado y encarcelado a los estudiantes que mantenían la lucha y a los pocos auténticos académicos que los apoyaban de veras. Se sirvió de estos tres grupos, que son exactamente los mismos que tienen a nuestra universidad en su gran miseria académica, para hacer que disminuyera el apoyo popular a esa gran lucha. Todos ellos causaron inmenso daño moral a quienes, estudiantes o no, nos empeñábamos en construir una nueva universidad.

 

A pesar del gran daño moral que todas esas personas causaron, y de las expresiones psicológicas, económicas y académicas de ese daño, ellas no sólo no han sido castigadas sino son recompensadas cada día más. Zedillo ofrece sus servicios a empresas extranjeras usando información que tuvo cuando era presidente de México y porque lo era. La Junta de Gobierno reeligió a Juan Ramón de la Fuente en “auscultaciones” casi secretas cuyos resultados nunca se han dado a conocer con precisión ni detalle. Dos de los tres más visibles agentes del PRD en la UNAM - Rosaura Ruiz y René Drucker-  comparten el poder universitario con De la Fuente. El tercero, Sergio Zermeño, después de llamar a votar por Fox casi sin disimulo, persiste en sus calumnias contra el CGH, e, invitado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales a presentar un libro cuyos temas desconoce, pretendió, con una violencia digna del Pino, golpearme. Uno de los grandes incitadores a la entrada de la policía – Fernando Pérez Correa – fue premiado con la dirección de mi facultad.

 

Los jóvenes que empezarán el lunes 9 un nuevo semestre conocen los hechos que acabo de resumir. Saben, sospechan o intuyen que las autoridades de la UNAM castigan el trabajo académico y premian el servilismo y la politiquería. Y saben que ellas, al hacerlo, están robándole al pueblo mexicano uno de sus recursos más valiosos. Ante esta invitación al cinismo, estos universitarios tienen ante sí sólo dos caminos: ser, con su apatía, su disimulo, su silencio, o su cansancio, cómplices de la usurpación de la UNAM; o construir diariamente, con un trabajo académico que nos dé a todos razones para actuar, una nueva universidad al servicio de un país solidario.

 

Iván Zavala, 6 de febrero de 2004