La Jornada miércoles 5 de mayo de 1999

Iván Zavala
Las mentes torcidas

La mentira más leída en México es que la huelga estudiantil defiende a los ricos porque la equidad inspira el aumento de cuotas impuesto por el rector el 15 de marzo. La realidad es otra.

1) El gobierno federal no ha cumplido sus obligaciones con la universidad. El aumento de cuotas se impondría, en la lógica de Barnés, porque la fuente de ingresos que viene del gobierno federal estaría agotada. Pero esto es falso. Incluso la ANUIES, que apoya el aumento de cuotas, reconoce que la proporción del gasto federal en educación con respecto al PIB es apenas la tercera parte de lo que debe ser. En julio de 1995, los burócratas de la ANUIES reunidos en Puebla se quejaron de que esa proporción era apenas de 0.57 por ciento, es decir 38 por ciento del 1.5 por ciento, que es, según la propia ANUIES, "una meta" razonable. A confesión de parte, relevo de prueba.

2) El gobierno federal y el rector no son igualitarios. Ernesto Zedillo y Francisco Barnés son tecnócratas típicos, con las motivaciones y los valores de este tipo de personas: dinero, poder y honores. Ese ha sido siempre el sentido de su vida. Zedillo será recordado en el nuevo milenio como el presidente mexicano más obsesivamente entregado a quienes concentran la riqueza. Ningún rector de la UNAM, incluido Soberón, ha mostrado mayor insensibilidad al sufrimiento de los pobres como Barnés.

3) El objetivo del aumento de cuotas es, por definición, recibir más dinero de los estudiantes y de sus familias, no redistribuir el ingreso. El rector ha usado un pretendido propósito de equidad para engañar a quienes la consideran un valor y a quienes sufren su ausencia. La equidad es lo que menos importa en la vida a este burócrata. ¿Cómo puede hablar de equidad este rector que gana diez veces más que muchos profesores mejores que él, y 20 veces más que un trabajador administrativo? ¿Gracias a qué equidad hace Barnés que una directora gane casi diez veces más que un profesor de tiempo completo? La directora de mi facultad, quien no ha concluido todavía su formación académica, ganó el año pasado 766 mil 23 pesos (63 mil 835 pesos mensuales, incluyendo el aguinaldo en el cálculo) mientras que el salario de un profesor de tiempo completo, cualquiera que fuese su grado académico, fue ese año, en término medio, 6 mil pesos mensuales. ¿Es porque la distribución del ingreso en la UNAM es equitativa que el rector se empecina en ocultar nuestros salarios?

4) Los neoliberales piensan que la educación superior es una inversión como cualquier otra, y que, por lo tanto, hay que pagar por ella. Nuestra concepción de que la superior, como cualquier otra educación, es una preparación para el cumplimiento de una vocación, sea ésta rentable o no, es incomprensible o inaceptable para ellos. Tampoco conciben que, al ser una necesidad tan vital como la alimentación o la salud, sea un derecho universal y gratuito. Todo el pretendido razonamiento del rector para justificar el aumento de cuotas parte del supuesto de que los estudios universitarios deben costar porque se emprenden principalmente para que reditúen, y sus voceros lo repiten cada día por todos los medios y de todas las maneras.

5) Alumnos limosneros y vulnerables. Si el aumento se aplica, la UNAM, por primera vez en su historia tendrá dos clases de alumnos: los "normales" y los pobres, perpetuando en éstos una de las cargas más pesadas que la Colonia dejó en nuestro país: millones de personas que viven creyendo que lo poco que tienen lo recibieron por caridad, es decir que no lo merecían.

México será, si el aumento se aplica, incluso más que antes, un país de limosneros. Como la identidad del limosnero es casi innecesariamente pasiva y servil, miles de estudiantes, muchos de los cuales ahora mismo se rebelan y luchan por su dignidad, cargarán con el peso de saberse limosneros disfrazados, de sentirse menos que los otros, creyendo que su derecho es una dádiva y que quienes se las otorgan los pueden usar a su antojo.

Sólo mentes torcidas, como la de Barnés y sus instrumentos, pueden pretender que es equitativo el aumento con los supuestos, valores y consecuencias que he mostrado. Sólo quienes ven las cosas al revés dicen que el individualismo es solidario, que la injusticia es equitativa o que la mezquindad es generosa.

Gracias al esfuerzo febril de estas mentes invertidas, una medida que quiso reavivar la vieja universidad --el aumento de pagos-- la está matando, para bien de los estudiantes de ahora y de mañana, y de la nueva nación que están construyendo en esta huelga preñada de promesas.